lunes, 3 de agosto de 2015

Una carrera inolvidable

Antes de empezar con este post quisiera disculparme por el retraso, pero ciertos cambios en mi vida profesional me han impedido poneros al día de las desventuras de este humilde corredor.

Comenzamos.Después de un lamentable paso por el Cross de Albufereta que me hizo pensar muy seriamente sobre mi reciente incursión en el trail, sólo quedaba pisar el freno y ultimar la preparación para la Maratón de Madrid. Sí, señores, han oído bien.
Desde que a principios de año mi compañero Urban y amigo Salva me dijo que tenía pensado estrenarse en la distancia del susodicho Filípides, pensé que elegiría Valencia para hacer su debut. Dado que, desde nuestro club, Urban Running, se organiza un viaje con todos los compañeros que corren el Maratón y la prueba de 10K que se realiza conjuntamente, creí que esto influiría en la decisión de Salva. Pero a este chico de Onil no se le ocurre otra idea que elegir Madrid, que no se caracteriza por su recorrido llano y sencillo, y no pude resistirme a la idea de compartir ese momento con él. Eso sí, sin que él supiera nada hasta el último minuto, si eso era posible.
Debido a sus circunstancias profesionales, los entrenamientos se reducían a los fines de semana y ahí jugaba yo mi papel de amigo/coach (entendido coach como entrenador, que los que me conocen saben de mi odio infinito al retorcido uso de esa palabra para vender charlatanería barata) Teniendo en cuenta el recorrido de la maratón de Madrid que colocaba casi ocho kilómetros de subida entre el 34 y el 40, planteamos dichos entrenamientos intentando simular esa dificultad acabando las tiradas largas cuesta arriba. Terminados los entrenos, todo quedaba en manos de Salva y de su fuerza mental para afrontar una distancia tan compleja y agradecida como ésta.
En esta aventura madrileña no sólo estábamos Salva y yo, sino que nos reunimos varios integrantes de los Urban Runners. Y prestos y dispuestos nos marchamos hacia la capital. Una vez repartidos en los hoteles que teníamos reservados, nos reunimos para acercarnos a la Casa de Campo para recoger nuestros dorsales y la bolsa del corredor para disfrutar del resto de la tarde por Madrid.
Gracias a Ana, la sonrisa Urban, tuvimos la gran suerte de coincidir en el hall del hotel con un mítico entrenador y representante de corredores como Miguel Ángel Mostaza, que se encargaba de llevar a la élite africana en esta maratón. Casualmente, había sido entrenador y representante también de nuestro presidente, José Manuel Albentosa y de nuestra entrenadora Marlen Estévez. No nos costó mucho que nos dejara ir con él y la troupe africana en su autobús hasta el Recinto Ferial.

Esto es lo más cerca que íbamos a estar de la élite en esta carrera,jejeje!
No sólo nos ahorramos el trayecto hasta allá, sino que además evitamos la cola kilométrica que se produjo por una mala organización de la seguridad del recinto. Sin dejar de alucinar por la gran suerte que teníamos recorrimos la feria del corredor sin parar de hacernos fotos de grupo y con atletas de las talla de Chema Martínez y Roberto Parra. Éste último, encargado del grupo Urban de Madrid. La vuelta al hotel, como no podría ser de otra manera, la hicimos también con Mostaza y su gente.
Después de comer y descansar en el hotel, salimos a cenar en un restaurante cercano. Los nervios y las dudas eran palpables. No sólo Salva, otros dos compañeros debutaban en la prueba de los 42k y cada uno tenía sus propios miedos, inquietudes, temores... y es que la distancia lo requiere. Hay que estar muy preparado y concentrado para afrontar este reto, no es algo que se deba tomar a la ligera. Salva estaba realmente nervioso, pero no más de lo que hemos estado todos cuando nos hemos enfrentado por primera vez a esta distancia. Afortunadamente, entre risas, pasta y alguna copa de vino relajamos el ambiente y nos fuimos a dormir temprano con el único miedo de que al día siguiente cayera un diluvio.

Menudas caritas la noche anterior
Y así fue. El día se despertó cubierto de una gran masa de nubes que no tardó en romper a llover. La lluvia no es uno de los fenómenos que me asusten a la hora de correr, todo lo contrario, me encanta la sensación de no saber si lo que me moja es mi sudor o el agua que cae. Así que con las primeras gotas nos dirigimos a la salida para mezclarnos con la marea de gente que se había dado cita para correr las tres distancias de la prueba: Maratón, Media Maratón y 10K.
Vaya pintas, no se si corremos o recogemos marisco.....
Como por arte de magia, la lluvia paró. Como si existiera un Dios corredor que nos concediera un deseo. Pero sólo duró un suspiro y justo al dar la salida volvió a caer una fina lluvia que nos acompañaría ya toda la prueba. Y hasta ese momento Salva no tenía ni la menor idea de que yo iba a compartir todos sus kilómetros junto a él, seguía creyendo que iba a hacer el Medio Maratón. Y comenzamos a correr por las calles de Madrid.
El ritmo en los primeros momentos era lento, dada la gran cantidad de corredores que se había dado cita ese día. Llevábamos un grupo compacto con Raquel, Ana, Salva, Jordi, Luis y yo. En esos primeros instantes nos cruzamos con gente tan ilustre en esto del atletismo popular como Alma Obregón o parte de los Drinking Runners. Y así vamos pasando los kilómetros y ya casi no se nota que no ha parado de llover desde la salida.
Y llegamos al momento clave de la carrera: el kilómetro 13. En ese punto se separan la Maratón de la Media y allí debía separarme de Salva, Jordi y Luis o eso creía Salva. Todos conocían mi intención real menos él. Así que, le hice creer que me iba con Raquel y Ana hasta que en el último momento las dejé marchar y me uní a los chicos. No sé cómo describir la escena ni la cara de Salva cuando se dio cuenta de que iba a cruzar la meta con él. Pero es un momento que recordaré durante mucho tiempo y uno de los mejores que he vivido en el tiempo que llevo corriendo.
Otro de esos momentos inolvidables fue cuando llegamos a la Puerta del Sol. Conforme pasábamos por la calle Preciados y nos acercábamos a Sol se podía sentir una fuerza especial que a mí, personalmente, me aceleró el ritmo, aflojándolo después para no hacer sufrir a Salva más de la cuenta. Me recordó a esas etapas en la que los ciclistas se ven rodeados por aficionados que les animan e impulsan a escalar el puerto de montaña.
Y poco después llegamos a la mitad del recorrido y Salva no daba señales de molestia alguna. Todo iba bien, extraordinariamente bien. Si alguien nos hubiera dicho que íbamos a correr 42 kilómetros entre risas y cachondeo bajo una lluvia incesante, no me lo hubiese creído. Acumulábamos kilómetros sin apenas esfuerzo, aunque sí con alguna parada "técnica" que nos hacía separarnos temporalmente para después reagruparnos. Como cuando llegamos al Balcón de Rosales, un rincón espectacular de Madrid completamente verde y que sorprende por estar tan cerca de la ciudad.
Otro momento especial llegó cuando entramos en la Casa de Campo. Fueron cuatro kilómetros por uno de los "templos" del running junto con el Parque del Retiro. Es uno de esos escenarios de los que has oído hablar en multitud de ocasiones. Allí la lluvia nos dio una tregua, debido más que nada a la cantidad de arboles que había y que frenaban la lluvia. Y aquí también tuvimos un encuentro curioso: nos cruzamos con un corredor del club de La Foia, de Onil.
Salimos de la Casa de Campo y nos acercamos a la parte más dura de la carrera. Desde el kilómetro 33 hasta prácticamente la meta se recorre una subida constante y pronunciada. Justo cuando el corredor más necesita el llano y la cuesta abajo, en Madrid tienes todo lo contrario. Aunque me esperaba que fuera algo más dura,  hay que reconocer que este tramo se me clavó en las piernas. 
En el kilómetro 34 tuvimos que despedirnos de Jordi debido a un contratiempo intestinal (lo siento Jordi, pero no he encontrado una forma más fina de decirlo) que le hizo meterse en el aseo de un bar. Seguimos corriendo, pero aflojamos el ritmo para dar tiempo a Jordi a pillarnos. Viendo que no era posible y que ni Salva ni ninguno de nosotros estábamos dispuestos a cruzar la meta sin él, decidimos pararnos en seco. Sólo nos faltaban dos kilómetros para llegar, pero esta era una aventura de equipo y como tal la íbamos a terminar. Afortunadamente, no pasó mucho tiempo hasta que volvimos a ver a Jordi y de nuevo la emoción inundó el instante y nos dejó la piel de gallina al vernos de nuevo corriendo los cuatro juntos.
Del kilómetro 40 hasta que entramos en el Retiro apenas guardo recuerdo.Pero lo que nunca olvidaré es la imagen del resto de compañeros y compañeras Urban gritando y animando, pegados a la valla y aguantando el chaparrón para vernos llegar. Y como no podía ser de otra manera, llegamos a la meta, cogidos de la mano y dando el saltito característico de nuestro compañero Salva, con el que termina todas la carreras. Abrazos, alguna largimilla contenida....
Llegando a meta despues de cuatro horas bajo la lluvia, quien lo diría....

Sin duda,esta ha sido una carrera inolvidable por varios motivos, pero el principal ha sido comprobar hasta qué punto este deporte une a las personas. Cuatro tipos sin casi nada en común, únicamente su afición por correr recorrieron 42.195 metros bajo una lluvia torrencial.
Especial mención hay que hacer a la figura de Luis. Un compañero Urban con mayúsculas, capaz de hacer este mismo recorrido en menos de 3 horas y que supo sacrificar su ritmo diabólico para acompañarnos en esta aventura.
Jordi, que venía de hacer la maratón de Sevilla apenas dos meses antes, sacó fuerzas de flaqueza para compartir esta experiencia.
Salva, un tipo que asegura que corre para poder hartarse a comer y no morir de un infarto, se plantó en la capital madrileña, habiendo entrenado apenas lo justo, después de intensos meses de trabajo y se cascó un maratón completo en las piernas. Sin prisas pero sin pausas, sin quejas y con una sonrisa en la boca (lo que es raro en él) y con la suficiente desfachatez para decirnos que íbamos muy lentos, jejeje!
Y yo, que hacía mi cuarto maratón sin apenas quererlo, sólo con la idea de acompañar a Salva en su estreno, y acabé disfrutando como un enano. No hay una sola foto en la que no salga sonriendo.
Sé que esto está quedando muy largo, pero la carrera lo merecía. Creo que durante mucho tiempo se hablará de este maratón. Al menos permanecerá en mi recuerdo mucho, mucho tiempo.

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martes, 7 de abril de 2015

Hoy por ti, mañana por mi....

Siempre me he considerado una persona sociable. Desde bien pequeño no he tenido muchos problemas para relacionarme con la gente. Con gente de todo tipo y condición. Tanto es así que aún guardo amistades con compañeros del colegio,  de mis veranos en Cartagena, del instituto, de la universidad y de todos las empresas donde he trabajado. Pero ha sido a raíz de dedicarme al atletismo popular cuando he descubierto un sentido más amplio de las palabras cooperación y colaboración.
Desde que mi compañera de trabajo, Silvia, me incitó a participar en mi primera carrera popular descubrí ese carácter desinteresado y altruista de la inmensa mayoría de los corredores. El escenario elegido para esa primera carrera fue Guardamar del Segura.
Como buen novato,me dejé llevar por la inercia de la salida y asumí un ritmo de carrera elevado para mi. A pesar de que apenas eran 8 kms.,en el km. 5 reventé y me paré porque el flato y las piernas me impedían continuar. Y, en ese momento, un alma caritativa, una corredora concretamente, tiró de mí, me agarró de la mano y me impulsó de nuevo a la carrera. Mi sorpresa no podría ser mayor: no la conocía de nada, la había adelantado anteriormente....¿por qué decidió hacer lo que hizo? Seguí como pude y finalicé mi primera carrera popular. De hecho, creo que, si no hubiese aparecido esa anónima ayuda, dudo que me hubiese apuntado a otra. Afortunadamente, al finalizar pude darle las gracias por tan bonito gesto.
Después han sido muchas las carreras en las que he ayudado, dado agua y ánimos, a muchos corredores, como forma de devolver lo que esa persona hizo por mí. Pero, sin duda, desde que formo parte de los Urban Runners de Alicante, hace ya casi un año, todo esto se ha convertido en una constante casi diaria. Yo que presumía de hacer kilómetros en solitario sin mayor problema me he transformado en un corredor que, a duras penas, puede hacer ya un entrenamiento en solitario. Y no sólo eso, han sido ya varias las carreras en las que varios compañeros hemos unido nuestras fuerzas para un objetivo común.
Y es que, aunque parezca lo contrario, este es un deporte de equipo. El mejor de los deportes de equipo. Para nada es un deporte solitario e individualista, puesto que todos los atletas que participan en cada carrera popular que se celebra cada fin de semana, son conscientes de que hay algo que les une al resto de participantes. Existe un vínculo especial entre cada uno de ellos. Un vínculo que es capaz de hacer que un corredor de élite ayude a un popular, que un corredor más rápido se sacrifique para que otro, no tan rápido, pueda hacer su mejor carrera tirando de él.... En definitiva, se establece una relación de simbiosis envidiable, que ojalá se pudiera extrapolar a la vida real.
Y en esas estamos ahora, ayudando a mi compañero Salva para que pueda lograr la meta que se ha propuesto: completar la Maratón de Madrid. Desde hace un par de meses le estoy acompañando en las tiradas largas e intentando darle los mejores consejos para que se una a ese club de los que hemos superado la distancia de Filípides. Sin duda, será un momento inolvidable para él cuando se vea cruzando la línea de meta en el Parque del Retiro, pero también lo será para mí.

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Mi compañero y amigo Salva y yo entrando juntos en la pasada Volta a la Foia

lunes, 23 de marzo de 2015

Contracorriente

Las previsiones eran malas: mal tiempo, lluvia, bajas temperaturas....la primavera se estaba resistiendo a llegar y, tras un leve periodo de calor, el frío y las nubes habían vuelto a hacer acto de presencia.
Las sensaciones eran poco halagüeñas: sólo había podido hacer dos sesiones esta semana, jueves y sábado, ésta última un rodaje suave con los compañeros del club. Después de los 30 kms. del sábado junto a Salva, ayudándole a preparar su debut en la Maratón de Madrid, y del Cross de Orgegia del domingo, mi cuerpo había vuelto a sentir las misma molestias que había sufrido tras cada maratón: muslos duros como piedras, gemelo y tendón de Aquiles izquierdos con serias molestias....Nada ayudaba a pensar que podría ser una buena carrera
Las dudas eran muchas: ¿le estaré perdiendo el respeto a la distancia?, ¿podré volver a correr como en Torrevieja o habrá sido todo un espejismo? ¿el paso de los años empieza a hacer mella en mi? Aunque llevo poco tiempo en esto de correr, me voy acercando a los cuarenta sin remedio y tal vez, sólo tal vez, es posible que haya podido disfrutar durante poco tiempo de mi mejor forma física y sea la hora de ir viendo como los tiempos van aumentando exponencialmente.
Y llegó el domingo. Se trataba de la Media Maratón de Elche. La más antigua del mundo.
Suena el despertador a las siete de la mañana, pero a mi me pilla ya despierto desde hace más de media hora. No he pasado buena noche, he dormido poco más de cinco horas. Tras mi habitual desayuno y mi ritual previo a una carrera paso a recoger a mis compañeros Jordi, Raquel y José Joaquín. Llegamos a Elche y parece que al fina el tiempo nos va a hacer un favor y no tiene pinta de llover.
Tras unas cuantas fotos y muchos deseos de que todo vaya bien, nos disponemos cada uno en su cajón de salida. Jordi, Salva y Pere, una de las últimas incorporaciones al club, y un servidor hemos decidido ir juntos. Nuestros ritmos y tiempos son parecidos. Suena el disparo y comenzamos a correr, no sin un pequeño parón debido a la cantidad de corredores que se han dado cita en esta mañana de domingo.
Transcurren los primeros kilómetros y los tobillos empiezan a dolerme. Tal vez no he calentado suficientemente. Aunque no hace mal día, las nubes y el sol se han combinado para que reine una sensación de bochorno que nos va a acompañar todo el recorrido. Pero a pesar de todo, poco a poco, voy acostumbrándome al ritmo que nos hemos marcado: 5 min/km. Se trata de llegar a 1:45 y si se puede bajar, mejor, pero sin presión alguna. Las avenidas de Elche son anchas y podemos correr con tranquilidad, lo que facilita que vayamos escalando posiciones. De hecho, nos unimos pronto a César y Juanfran, otros compañeros Urban, y compartimos con ellos apenas un par de kilómetros hasta que los perdemos de vista detrás nuestra. Luego nos enteraríamos de la pájara que había sufrido Juanfran, por lo que no nos pudo seguir.
Siempre mirando el reloj y controlando los excesos de confianza y los acelerones, llegamos hasta la mitad de recorrido, coincidiendo con la subida a uno de los puentes que atraviesan esta ciudad. Es allí donde Salva comienza a sentir los efectos de no haber llegado en perfectas condiciones a la carrera y, poco a poco, se va quedando más rezagado hasta que es incapaz de seguir nuestro ritmo. Llegados a este punto, nos dejamos llevar por las buenas sensaciones y apretamos un poco más, siempre cuidando de no llevarnos por la euforia.
Y llega el momento clave, km. 13. Jordi, que viene de correr el Maratón de Sevilla, comienza a sentir molestias y tampoco puede seguirnos y decide aflojar para no forzar en exceso, ya que tiene pensado correr el Maratón de Madrid. Y es entonces cuando Pere, como si le fuera la vida en ello, decide demarrar. Comienza a alargar la zancada y marca un ritmo endiablado de 4:30 min/km que me cuesta seguir en determinados momentos. Ya llevaba varias carreras mejorando tiempo y parece que no ha tocado techo aún. De hecho, a falta de seis kilómetros vemos cerca, muy cerca el globo de 1:45. El objetivo parece conseguido, ahora toca aguantar.
Pero es ahora, en el km. 17, cuando empieza la verdadera carrera. Pere sigue pletórico y vamos engulliendo kilómetros y posiciones, dejando a muchos corredores atrás. Sin darme cuenta, empiezo a apretar el ritmo, me encuentro fenomenal. Las sensaciones y dudas del principio parecen desvanecerse con cada zancada. Y también Pere, ya no le veo, se ha quedado atrás, justo antes de entrar en el Palmeral.
Los geles y la continua hidratación para compensar el calor han hecho efecto y voy disparado hasta la meta. Es en el último kilómetro cuando parece que noto el esfuerzo de la carrera y bajo un poco el paso, pero justo en ese momento, en una de las ultimas curvas del recorrido, aparecen los entrenadores y el presidente del club, el gran José Manuel Albentosa, (que ostenta el récord de la prueba, nada menos) que con sus gritos y ánimos consiguen que saque las pocas reservas de energía que me quedan para poder completar la prueba en un nada desdeñable tiempo de 1:43:48.
Finalmente, he conseguido de nuevo una carrera con prácticamente todos los kilómetros por debajo de 5 min/km. He logrado tener buenas sensaciones en toda la prueba y, lo más importante, lograrlo con la mejor compañía, la de mis compañeros de club. Sin su apoyo y esfuerzo todos mis logros no serían posibles. Muchas gracias a tod@s!

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Foto de la familia Urban que se desplazó a Elche
 
Que gran grupo: (de izq. a der.) Jordi, Pere, Salva y un servidor


Y esto es lo más importante: disfrutar con lo que haces.

lunes, 16 de marzo de 2015

Tarjeta de visita

Creo que antes de seguir con este incipiente blog es necesario hacer las presentaciones.

Mi nombre es José María Moreno, soy de Alicante, nacido en ese maravilloso año del 76 que tan buena generación ha dado. Desde hace ya casi cinco años salgo a correr: primero como forma de superar mi adicción al tabaco durante 20 años, y más tarde, como medio de superarme y afrontar nuevos retos.
En estos cinco años he disputado tres maratones (Valencia, Barcelona y Castellón, en ese orden), doce medias maratones (Alicante, Santa Pola, Albacete, Torrevieja....entre otras) y diversas carreras de 10 kms, tanto en asfalto como, desde hace algo menos, por montaña.
Desde el pasado mes de mayo me he incorporado al club Urban Running de Alicante, presidido por el gran José Manuel Albentosa, y genialmente entrenados por dos grandes como son Antonio Patón y Marlen Estévez. Allí he conocido a grandes personas, me he reencontrado con antiguos compañeros de colegio e instituto y he hecho nuevos grandes amigos.
Ahora mismo estoy embarcado en varios proyectos: por un lado, correr un maratón, aún por determinar; por otro lado, adentrarme en el mundo trail corriendo, poco a poco, aumentando el total de kilómetros con la idea de ganar fuerza y mejorar en el asfalto (además de disfrutar en un entorno nuevo para mi) y por último intentando dar forma a varias ideas que me rondan por la cabeza para, quien sabe, algún día poder vivir de esto.
Con este blog sólo espero "vomitar" mis pensamientos, ocurrencias y vivencias alrrededor de una de mis aficiones que ahora mismo ocupa gran parte de mi tiempo. Y si entre tanto consigo entreteneros y agradaros, mejor que mejor.

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Primera carrera oficial: Cross Villa de Guardamar 2011
Primera Media Maraton, en mi ciudad, Alicante (2012)
Maratón de Valencia 2013
Maraton de Barcelona 2014

Mejor marca en Medio Maratón hasta ahora 1:42:42 en Petrer 2014

lunes, 23 de febrero de 2015

Una carrera excepcional

Sin duda, la Medio Maraton de Torrevieja de ayer fue una carrera excepcional. 
Empezando porque mi compañero y amigo, José Joaquín Rodriguez Garcia y yo eramos la excepción de los Urban Runners y no aparecíamos como inscritos. Una vez solucionado ese pequeño detalle, y sin nuestra bolsa del corredor correspondiente, nos dispusimos a tomar la salida en esta prueba. Como es lógico, por nuestros ritmos de carrera distintos, empiezo la carrera en solitario. Algo que se ha convertido en excepcional, porque desde que pertenezco a este club no voy solo casi ni para ir al baño. 
Los primeros metros son decisivos, no quiero que me pase como en Mitja Marató Internacional Villa Santa Pola y acabe pagando el esfuerzo inicial. Intento mantener el ritmo de 5 min para ir bajándolo progresivamente y empiezo a darme cuenta que mi cuerpo no nota el esfuerzo y siento como si estuviera paseando en lugar de correr. Antes del primer kilómetro me alcanza Rafa Rubio Domenech e instintivamente empiezo a bracear,jajaja. Esta vez no le sigo a pesar de que no lleva un ritmo muy fuerte y prefiero mantener el mío propio. 
Siguen pasando los kilómetros y voy alcanzando a los distintos compañeros de Urban Runner's Club Alicante que han venido hoy a correr los 10K. Antes del km. 5 me coloco al lado de Marian Mulero, va como una bala y decido acompañarla todo el rato que sea posible. Delante tiene a Raquel Sánchez y a un Salva Agulló que parece que viene corriendo desde Onil y tiene prisa por llegar, aunque jura y perjura que está cansado.... Pronto les tengo que dejar porque mi ritmo, aunque constante, es superior al suyo. 
Paso por el km. 10 y termino la primera vuelta en torno a los 49 minutos y mi cabeza sabe que ahora empieza lo bueno. Ahora es cuando vamos a ver si lo hecho anteriormente me sale bien o no. Y, a pesar de todo, el ritmo no baja, e incluso sube a partir del km. 13. De hecho, tengo que frenarme mentalmente, porque sé que puedo pagarlo en los últimos kilómetros. Hace mucho viento e intento protegerme colocándome detrás de los corredores que llevo por delante. Aún así, les voy pasando porque sus fuerzas parecen ir agotándose antes que las mías. 
Y llega el momento clave, ultimo giro de 180 grados entre el km. 17 y 18 y ya solo queda apretar los dientes y resistir. Parece que los kilómetros se hacen más cortos y pronto veo el 20. ¿Donde ha quedado el 19? Ni me he dado cuenta. Decido agotar las pocas reservas que me queden y el reloj me marca 4:25/km.....no me lo puedo creer! Este cacharro debe estar mal. 
Encaro la penúltima recta, justo entrando en el Paseo Marítimo, y decido aflojar. Da igual el tiempo que haga, el objetivo está cumplido, he terminado la carrera sin dolor, sin problemas en la cadera. Esos mismo problemas que hicieron que el año pasado me parase y acabara en algo menos de dos horas.Algo que ya se había convertido en habitual desde entonces, y que hoy se ha convertido en una excepción más. 
Ahí está, ya veo el primer arco, el de Urban Running que anuncia la meta. Comienza mi ritual, mirada al cielo, y lentamente voy entrando y soltando los brazos.....ya he llegado! 1:42:56 según mi crono. A tan solo 30 segundos de mi mejor marca en el Medio Maraton de Petrer, en noviembre del año pasado. Cuando llego José Domingo Diaz Moreau y Cani Medina están esperando, cámara en mano, para inmortalizar el momento, jejeje! Gracias, compañeros! 
En fin, un día inolvidable para este humilde corredor que les habla. 

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